El chocolate tiene la virtud de alegrarnos la vida y si al tiempo nos divierte mejor que mejor. Cuando los chicos me piden algo dulce que les ponga una sonrisa en la boca y gruesos bigotes en la comisura de los labios, pienso en tartas que se deshacen en la boca, con la acidez de la frambuesa y el toque intenso del chocolate. Ese contraste siempre me provoca una agradable sensación en el paladar. El amargo sabor del chocolate negro, unido a la acidez de la frambuesa choca con el dulce del marshmallow de un modo sutil. La buena sintonía de los contrarios también se produce en la cocina. Del mismo modo, los acontecimientos que nos ocurren día a día tienen su contrapunto en algún momento de nuestra existencia. Momentos alegres y tristes se suceden con continuidad sin que podamos hacer nada para remediarlo. De eso va mi tarta y mi texto.
Vamos con la receta del día: