Las tradiciones permanecen a lo largo del tiempo gracias a los mayores y a quienes sin descartar una apuesta por la modernidad encuentran en sus raices motivos para sentirse orgullosos. Así me ocurre cada vez que acudo a casa de mi tía Emilia y la observo manejarse en la cocina recuperando esos dulces que tanto me hicieron disfrutar de pequeña y que ahora redescubro para mayor alegría de mis hijos. Cuando hago estos coquillos procuro poner aparte de los ingredientes, todo ese cariño que solo ella sabe poner en cada postre que me enseña. Espero haber aprendido la lección y que se sienta satisfecha con el resultado.