Desconozco la razón por la que asocio el tiempo frío con los frutos secos; será porque desde siempre recuerdo en las casas de nuestros abuelos, tíos, vecinos y padres las fuentes que decoraban la tradición navideña, y en ellas, junto a los mazapanes y polvorones siempre aparecían montañitas de almendras, cacahuetes o pistachos. Recuerdo cuando la señora Felisa, vecina en el pueblo, nos obsequiaba con un bote de estas almendras. Es de ella de quién aprendí a hacerlas, nos siguen encantando y cualquier momento es bueno para sacar unas cuantas a la mesa y dejar que su sabor dulzón con su textura crujiente nos deleite el paladar.