Hoy me deja el relato un poso agridulce que me encierra en la cocina para sacudirme la melancolía. Haciendo esta receta rememoro los felices momentos que me aportan las almendras y el chocolate blanco cuando las hago bailar al unísono y el resultado es tan fabuloso como estos trocitos de cielo en que se ha convertido mi tarta. Seguid leyendo y sabed para quién va dedicada y por qué.