En tardes de viento, asomo la nariz entre las cortinas para ver mecerse las hojas de los árboles en la ribera y acomodo mi chaqueta de lana sobre los hombros en tanto me dejo acariciar por el rumor de las gotas en los cristales. Me he preparado un chocolate calentito para templar el cuerpo y aunque hoy no estaba premeditado, hasta mi casa se han llegado Marina y Lorena buscando el calor de la lumbre y de la conversación. Bien sé lo que andan buscando y en sus ojos advino la súplica por conocer qué viene a continuación. Y pese a hacerme de rogar, al fin claudico y arrebujadas en el sofá bajo cojines narro lo que casi me sé de memoria de tanto como he leído.
