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miércoles, 13 de febrero de 2013

Galletas de San Valentín





Todavía me tiemblan las piernas pensando en el hatillo de cartas que duerme en mi bolso. No sé el por qué, pero lo aferro como si tuviese un valor incalculable, un tesoro de papel, inédito hasta hace nada. Carlota me insta a que abra otra, ni siquiera presta atención a las fechas. También yo deseo saber más, pero debo mantener la calma y obedecer a un orden cronológico que facilite su comprensión. Se trata de acontecimientos apenas conocidos y cuya aparición me provoca escalofríos. Esa gente palpita en el pasado; eran carne y hueso recorriendo campos y veredas, famélicos personajes desprovistos de todo; quizás ya todos muertos. Tiene valor cada pliego que conserve pues haré pervivir una historia de antaño. ¿Tanto temor me provoca descubrirlo? Tan lejano en el tiempo y tan cerca en el corazón. He aprendido a querer a Andrew y me da miedo pensar en su final, quizás oculto entre sus letras. Mi vacilación no afecta a mi acompañante, quien con su infinita verborrea me hostiga para que satisfaga sus deseos. Me saca de mi ensimismamiento hasta que suelto: ¡Pesada, vamos con otra y luego te callas.!

domingo, 3 de febrero de 2013

Galletas para San Valentín




Carlota ha pasado la noche roncando aunque diga que ha dormido mal extrañando su cama. A mi los nervios no me han dejado pegar ojo. No sé lo que busco ni cómo hacerlo. Seguramente es una insensatez estar aquí. Pero al fin y al cabo, ¿no están los sueños hechos de insensateces?. Aprovecharemos la estancia para recorrer las calles de la luz, comiendo croissants y visitando las más afamadas pastelerías del mundo, no en vano algunas son mi paradigma: los macarons de Hermé o de Ladurée, los cupcakes de Synies, o los chocolates que llenan las patisseries de la ciudad. Ya el viaje será un éxito de michelines añadidos y grasas inevitables, pero habrá merecido la pena. Tras desayunar en el hotel quiero recordar a Victoria y leo otra de sus cartas, antes de enfrentarme a un pasado de inciertas consecuencias en la oficina de correos. Seguramente nada quedará, todo habrá sido destruido tras otra guerra, una ocupación y cambios de gobierno hasta el nuevo siglo. No diré que no lo he intentado.

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