He redactado el post en un día aciago por el terrible accidente ferroviario ocurrido en Galicia; en mi modestia, querría acompañarlo de las condolencias para quienes han perdido a sus seres queridos. Pese a la tristeza, la rueda de la vida sigue girando devolviéndonos a la realidad de una vida frágil como el cristal, sometida a los vaivenes de la fortuna. Y aunque mis pensamientos vuelan libres hacia el confín de nuestra patria, acaricio a mi pequeña Candela cuando la acuesto leyéndole los avatares de un cuento atemporal como el de Blancanieves. Como ella, tras despertar de su sueño al amor, debo reconfortarme por hallarme viva y poder decir lo mismo de quienes me rodean.