viernes, 29 de marzo de 2013

Galletas decoradas para una maestra



Alba es mi pequeña amiga, de casi siete años, dulce y adorable. Cuando se acercaba la fecha de su cumpleaños se le ocurrió la genial idea de regalar a su profesora unas cuantas galletas decoradas que tuviesen formas relacionadas con su actividad, e incluso alguna muñeca que reprodujese a su querida maestra. Así me lo pidió y lejos de parecerme engorroso, lo consideré un desafío interesante. Ella ha quedado contenta y me ha colmado de atenciones, y yo estoy muy satisfecha con el resultado. ¿O no es para estarlo?
Después de esto, mis sobrinos han querido seguir su línea y a todos les han parecido geniales.





La receta de la masa la podéis ver aquí y la de la glasa aquí.


No olvidemos proseguir con nuestra historia. Espero que queráis saber lo que ocurrió.

Ha llegado tarde y no he querido despertarla para el desayuno. Se ve que le fue bien ayer. James parece un buen hombre. Me sonrío pensando que no le dejaría meter baza, buena es mi Carlota. Se acerca el fin de semana y debo regresar a casa. Este será mi último día en Londres por el momento y quiero aprovecharlo, aunque todavía no sé cómo. Tomando el té matinal me ha surgido una idea y quiero llevarla a cabo. Vuelvo al origen de Victoria en Cecil Court Street y de nuevo visito la librería donde apareció el volumen que duerme en mi maleta. El librero no sabe de qué libro le estoy hablando y aunque consulta varios archivos y ficheros en su ordenador no da con la referencia. Estoy sorprendida. Le pregunto por la editorial. Desapareció en la posguerra sin dejar rastro; nada inaudito. Le agradezaco su interés y me ubico en el período que me interesa. Me entretengo consultando álbumes de fotografías. Ausculto los rostros de los personajes que las pueblan y el entorno en que se movieron. Parecen estatuas en una instantánea fugaz que les inmortalizó para siempre. Se trata de anónimos desconocidos con vidas por desentrañar. De suponer, casi todos muertos. Otros, ancianos de quebradiza memoria. Me voy con un nudo en el estómago. La mañana no ha empezado bien y eso me encorajina.
Después de ver el álbum lo tengo claro. Tomo un taxi y me dirijo a Wipping Lane. El día es nítido y transparente, de una claridad deslumbrante, inusual en estas latitudes y un calorcillo estremece mi cuerpo cuando me siento en el parque frente a la casa. Desde aquí veo la fachada de la tahona y la entrada a la vivienda. Algunos desconchones en el soportal la afean y el color amarillo de la tienda no le hace justicia. Pese a todo, si cierro los ojos percibo todo con mayor claridad: Victoria se asoma por la ventana de la cocina y llama a Julen y Suri que juegan entre los árboles; James ya ha partido hacia el campo y su huella apenas queda en uno de los bancos próximos. Tras llamarlos, no entra en la casa, entrecierra los ojos y se deja acariciar por la brisa traída por el río. Su mente cruza fronteras y mares para llegar a los campos de Francia donde se enquista Andrew en una tarea banal pugnando por su vuelta. Hende el aire oliendo la lavanda y el tomillo de la ribera y alguna lágrima asoma la punta de su nariz. Va algo despeinada y su cara resplandece por las horas frente al horno. Sus hombros se han vuelto poderosos y sus brazos asoman bajo la blusa remangada ahítos del esfuerzo. Cierra los ojos para ver el futuro, y también para olvidar el reciente pasado. Ella no puede verme en tiempos opuestos, pero yo a ella sí. Apartadas las cortinas, corridas las ventanas, elevadas las persianas, diría que quiere echarse a volar. He querido gritarle que la entiendo, que puedo ser su consejera, que puede confiar en el provenir. Pero nada de ello es cierto. Es una de las mujeres que he visto en las fotografías antiguas; cualquiera de ellas, pero única como ninguna.
Julen le dice algo desde la calle y le hace abrir los ojos para caer en la realidad. Lo tengo tan cerca que podría abrazarlo , pero aunque estiro los brazos no llego a tocarlo y mi voz se pierde entre los maullidos del viento. Suri le toma de la mano, le susurra algo al oído y ambos desaparecen por el umbral de la puerta, entre las sombras del zaguán. La mesa está puesta para el almuerzo, y por un rato todos olvidan la pesadumbre, ayudan a Victoria con las tareas de la casa, ponen la mesa, recogen la colada, estiran las colchas y juegan con María del Carmen. Annie no está, enfangada en sus labores. Al rato, Victoria volverá a la tahona para preparar la masa de mañana. Yo ya no estaré aquí. Me llevaré apenas su más cercano recuerdo, y podré decir que los vi con plenitud. Suri come poco, es un pajarillo delgado que se asoma tímido entre las ramas de su nueva familia. Por el contrario Julen, se muestra voraz con la comida. Ha madrugado con Victoria y debe reponer fuerzas. No van al colegio. Se han suspendido las clases una vez comenzada la operación Pied Piper y muchos son los niños que vagan a deshoras por las calles en espera de su destino. Victoria se sienta con ellos en la sobremesa y repasa las lecciones hasta donde su mente alcanza. Se esfuerza con denuedo y cuando no puede más, encarga la tarea a una exhausta Annie en las horas del crepúsculo. Pero todavía luce el sol y queda tiempo para hacerle carantoñas a la niña, para confortar a Suri en sus silencios y para abrazar a Julen con cariño. La familia está coja, pero aguanta sólida el peso de la distancia y del infortunio. Victoria pone la radio y aunque no le prestan atención intenta hacerles comprender los días que vendrán. Asienten entre risas con las gracias de María del Carmen y tan rápido como les ha informado, se olvidan de cuanto han oído. Mejor así, piensa Victoria. También yo lo creo.
Alguna nube ha ocultado el sol y la brisa se ha tornado viento fresco. Me pongo la chaqueta y elevo la vista a la ventana de la cocina con el tiempo justo para verla desaparecer, cerrar las ventanas, correr las cortinas y bajar las persianas. No quiero pensar que esto es lo más cerca que estaré de ella. Mañana partiré a casa, volaré de regreso al hogar que me espera. Quisiera llevarlos conmigo. Mientras camino calle abajo, con la mirada perdida en el horizonte, vuelvo la cabeza y enjugo con el dorso de la mano la lágrima que resbala por mi nariz. Siento que no será la última por ella. Pero no me importa. Marcho feliz después de haberla visto.
Carlota me ha llamado con insistencia. Al final ha acudido a comer con James. Ella no tiene prisa por volver, así que decide prolongar su estancia el fin de semana. Nada importante la espera al otro lado del mundo; por el momento James es su presente. Me tendrá que contar con detalle, soy muy curiosa, pero se hace la remolona y tan sólo me apercibe de un leve coqueteo. Lo dejo estar. No tengo cuerpo. Ya vendrá el momento. Preparo el equipaje para mañana y la abrazo con cariño. Le doy recuerdos para James y dejo flotando en el aire la última carta de Victoria que leemos en Londres: 

Querido Andrew:
El verano se muestra solícito con un fulgor sin igual. Los pequeños pasan los días en la calle corriendo y jugando. Tristemente ven marchar a sus compañeros de colegio hacia destinos diversos y la nostalgia se ha instalado entre los que quedamos. Gracias al sol que en estos días de luz nos devuelve la ilusión por vivir. Han vuelto las risas y la alegría; y aunque agotados por el trabajo y los quehaceres cotidianos, sentimos la felicidad en cada poro de nuestra piel. Los mayores estudian en casa auxiliados por Annie, de infinita paciencia, y cuando ella falta, por mi corto entender. Son agudos y perspicaces y nada escapa a sus entendederas, y a veces, cuando creo haberles engañado piadosamente con lo venidero, me ponen cara de sorpresa y ríen por lo bajo. Temo por ellos a cada instante e intento tenerlos bajo mis alas de contínuo. Es un error, pero no sé si lo hago por ellos o por mí misma. Sin tenerte a tí estoy tan indefensa. El trabajo de Annie se ha intensificado estos meses con la salida de la población civil. Buena parte de sus compañeros de trabajo han debido partir como contingente de apoyo al grueso de los exiliados y se han quedado en cuadro en el hospital. La noto agotada cuando llega a la cena y sin fuerzas ni para comer. He decidido dedicarle cuidados especiales. No puedo consentir que decaiga. Del hospital ha traído noticias del armisticio firmado por Francia hace apenas dos días , entregada a la Alemania de Hitler. Se diluye la esperanza y nos vamos quedando solos. ¿Qué habrá sido de tí? Me pone enferma pensar cómo os tratará el nuevo gobierno de Vichy. Espero que para esos días ya habrás partido. En ocasiones te imagino por París, intrigando en tascas o burdeles con la resistencia, e incluso embarcado hacia la América Latina. Pero creo firmemente que tus pasos te van trayendo con lentitud, pero sin pausa a nuestro encuentro. No importa el rodeo que des ni el tiempo que tardes, al final el punto de destino será inamovible. Por ello permanezco firme en mi lugar. Esperando, siempre esperando un punto en el horizonte que se vaya haciendo grande a mis ojos y del que emerja tu figura gastada bajo ropas prestadas. No obstante, vivo. Estoy cansada; a pesar de pasar raudos los días, se me hacen eternos en tu ausencia y el consuelo es tan liviano. Devuélveme la paz. La necesito. Tuya en la distancia. Victoria, a 24 de junio de 1940.






23 comentarios:

  1. Qué preciosidad!!! Si un alumno me viene con estas galletitas lloro de la emoción jejej. Quedaron impresionantes. Un besito

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    1. Gracias Angie, a la profesora le gustaron un montón.
      Un beso

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  2. Hola Angeles soy Alba que bonito lo que has puesto.MUCHAS GRACIAS!!! A mi profe le gustaron muchisimoooo y se puso muy contenta.BESITOS

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    1. Y no he puesto todo lo que podría poner de ti, me alegra mucho que le gustaran tanto. Muaaack!!!

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  3. Jo Ángeles que manos tienes!!!
    ¿Pero eso se come?...jajaja
    Si a mi me regalaran unas galletas así... las enmarcaba ;)

    Un abrazo,

    María

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  4. Como soy maestra, estas galletas me han encantado!!!!!!!
    Enhorabuena!!!!
    Besos

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  5. Acabo de encontrar tu blog y me ha encantado, asi que para no perderme nada te sigo desde ya!!
    Te invito a dar una vuelta por mi rinconcito
    Un Saludo
    dezazu.blogspot.com.es

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  6. Menudo blog más completito! Repostería y literatura! Me quedo por aquí desde ya!
    Mil besos dulces!

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  7. Debemos tanto a los maestros que se merecen estas galletas y muchas mas!

    ¡¡Un besazo preciosa!!

    Visita Clu's Corner, blog de una mujer real como tú, amante del maquillaje y la belleza :) Ahora tú decides QUÉ quieres ver!
    www.cluscorner.com

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  8. Madre mia de mi vida!!!
    Pero tu eres una artista, que maravilla!! Me quedo por aqui alucinada, un beso!
    Carmela de los Dulces de Lía

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  9. Qué monas las galletas!! Un detalle precioso.
    Y las cartas de Victoria me siguen enganchando cada viernes!!!

    Un besazo.
    Arantxa

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  10. Son preciosas Angeles,que detalle más bonito!
    Besos!!!
    Noemi de Merengue y Frambuesa

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  11. Me encanta todo! Me quedo por aquí a seguirte!
    Un besazo

    http://miscupcakesyyo.blogspot.com.es/

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  12. Hola Ángeles ! Me encanta tu blog. Tienes un premio esperando en mi blog. Pasa cuando quiera a recogerlo. Un beso y Felicidades!

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  13. Guau! Geniales galletas! Me encanta ese montón de libros!! ^^
    Un beso

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  14. Te han quedado geniales!
    tienes un regalito en mi blog, pásate a recogerlo!

    un saludo!

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  15. Gracias a estas galletitas te he dejado un premio en mi blog......espero que pases a recogerlo....
    Besos

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  16. por dios Ángeles... qué cosa más bonita...!!!
    la profesora tuvo que alucinar en colores no? espero que le suba 3 puntos más en cada asignatura y a ti te reserve el asiento VIP para las reuniones de padres, jaja...
    besos! :)
    Teresa.

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  17. Hola! Tengo una sorpresa para vos en mi blog :)

    http://smellwell.blogspot.com.es/2013/04/mousse-helado-de-chocolate.html

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  18. No sé cómo vine a parar a tu blog, pero... me ha encantado, tanto es así que aquí me quedo a tu lado. Tus propuestas están llenas de belleza y ternura. Nos vemos.

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Me gustan tus comentarios, me encanta leerlos todos, gracias por molestarte en escribirlos.

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